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Colombia y las elecciones: Impulso o peligro para la paz


Más allá de los avances y retrocesos que en el más de un año de tiempo de negociación del gobierno de Colombia con la guerrilla de las Farc se han producido, es innegable que las elecciones pueden, por varios, motivos fortalecer el proceso o echarlo abajo definitivamente.

La reelección de Santos de forma bastante clara supondría una catapulta para un gobierno que ha hecho de las negociaciones con la guerrilla la diferenciación más clara respecto de sus antiguos compañeros de partido de la derecha, comandados por un uribismo, con el jefe en la sombra que sin duda van a basar su estrategia para la elección presidencial, en una aparente debilidad del presidente Santos que ha permitido fortalecerse a la guerrilla cuando supuestamente estaba herida de muerte y existía la posibilidad de victoria militar. La fortaleza de Santos reflejaría de forma clara un apoyo mayoritario de la sociedad a la continuación de la negociación. Si la victoria fuera para Navarro Wolf por el partido verde o Clara López por el Polo Democrático, significaría que si bien la sociedad apoya la negociación, rechaza frontalmente la política de liberalización económica con la firma de Tratados de Libre Comercio que han ocasionado numerosas protestas de campesinos y estudiantes, principalmente. Pero en estos dos últimos casos, el proceso de paz seguiría más fortalecido incluso que con la victoria de Santos.

Por otro lado la participación de los actores irregulares va a ser fundamental también en el devenir del proceso electoral y consiguientemente en el de negociación con las FARC. Las fuerzas paramilitares reconvertidas en ejército antirestitución no tienen ningún interés en que se alcance una paz que pudiera afectar sus fuentes de financiación y enriquecimiento irregulares, así como que el consiguiente fortalecimiento estatal pudiera acabar con su estrategia de despojo y apropiación masiva de tierras. Ante la posibilidad de que unas acciones violentas propias pudieran no tener influencia en el resultado electoral ni en la mesa de negociación, es posible que comiencen un aumento de violencia contra la guerrilla para provocar la respuesta de la misma. Ello pudiera alentar a los medios de comunicación y a la oposición uribista a atribuir este rebrote violento a la debilidad del gobierno para con los grupos armados irregulares, tratando de obtener réditos electorales por parte del candidato del uribismo en un momento en que las encuestas no le otorgan ni la posibilidad de llegar a la segunda vuelta.

La comandancia de la guerrilla de las Farc como actor principal en la negociación también está interesada en un periodo electoral lo más pacífico posible con el fin de impedir que gane el uribismo haciendo efectiva la promesa de romper inmediatamente la negociación. Sin embargo, hay serias dudas de que los miembros del secretariado puedan ejercer presión suficiente sobre todos sus grupos disgregados por el territorio colombiano. Algunos de estos grupos sustentan micropoderes y a menudo no tienen mayor interés que seguir enriqueciéndose con las drogas o extracciones de minerales ilegales, negocios que se acabarían con una eventual paz duradera.

De esta manera se avecina un periodo preelectoral en el que diversas fuerzas van a jugar las cartas que mejores beneficios les reporten y que puede propiciar un aumento temporal de acciones violentas de diversos lados.

Asier Tapia,  Co-tutor de Consulta previa

Este artículo ha sido publicado en La Marea, 03 de diciembre de 2013, disponible en línea.

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